CHRISTINA FREIRE
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EL PACIENTE CALLA Y EL CUERPO HABLA Maria Christina A.Freire Resumen La autora toma como punto de partida fragmentos de experiencias y reflexiones personales embasando la teoría y la técnica del Somatodrama, en que el cuerpo y su apertura perceptiva es la revelación del deseo de integración. Aborda el enfermarse y la muerte como parte integral da vida humana, y que a través da su simbolización e inserción en el contexto va a traer la posibilidad de una nueva significación que movilice la búsqueda creativa de la auto-curación. Palabras claves: Enfermedad, Muerte, Sensación, Simbólico, Somatodrama. De pecho abierto a tiempo… creando un nuevo tiempo. Definir y conocer la esencia de las cosas, escapando de lo formal y de lo conceptual, nos trae la más rica y preciosa experiencia: la del sentir en la misma carne, y fue así que en aquel exacto momento me di cuenta que estaban tramando secuestrar mi corazón, objeto de arte precioso a mi donado hace más de mil años, cuando de mi nacimiento, argumenta mi alma. Presente en los días de hoy expresando mis tristezas y alegrías en su función incansable de registrar mis sentimientos, estaría exactamente en aquel momento pidiendo permiso para un breve reposo. Entraba en la escena un nuevo personaje, ocupando todo el escenario: la Paciencia. Aprender a descifrar el lenguaje analógico y sinestésica de nuestro cuerpo es uno de los caminos posibles para desarrollar nuestra paciencia. ¡Muy raro! Mis fuerzas ya no eran las mismas, no me parecía coherente estar tan cansada después de adorables vacaciones en Canadá. Este pensamiento me daba un sabor amargo en la boca: me estoy quedando vieja y cansada; me estoy volviendo una grave neurótica en que el placer dura poco y lo que queda es una eterna carencia. O peor ¡transformando la ausencia en un estado omnipotente de negación del mismo cuerpo! ¿Tendría yo elegido este terrible camino, por parecer siempre a los humanos que es el más indicado en nuestra incansable y eterna síndrome de desear ser Dios, aunque por pocos segundos? Me levanté rápidamente y muy pronto superé el cansancio: ¡esperaba amigos para cenar! Salí corriendo para el mercado, fui comprar flores, a la carnicería ¡Ahhhh! Todavía no compré gaseosas ¡qué lástima! corrí para otro mercado; claro, uno que tenía buenos precios a pesar de no tener cargadores para ayudarme con el peso. ¡UHHH, AHHH! MI CUERPO PARÓ. Una extraña sensación en la garganta, como si estuviera sin aire… ¡Qué raro! Mi maxilar hormigueaba, fuerte presión en el pecho, sudor frío; mis brazos repentinamente perdieron las fuerzas y el izquierdo me dolía mucho. No sé cuánto tiempo me quedé parada percibiendo y escuchando, intentando descifrar este nuevo lenguaje de mi cuerpo, o mejor, su desesperado grito de socorro. Fragmentos de pensamientos Los viejos indios mayas de Tulum caminaban hacia la muerte con dignidad y sabiduría por creer que podían ir más allá de la muerte física. Nuestros ancestrales sabían que la creatividad y la habilidad intelectual para simbolizar y crear una conciencia mítica, que integraba las memorias e historias contadas y repetidas como modelos culturales, eran cruciales para su supervivencia, aunque se tratara de cómo comprender la muerte. Me pregunto: ¿será que el humano moderno se olvidó de que más que una adaptación biológica es necesaria la creación y el uso de su inteligencia e imaginación de forma más integrada? Ya es hora de cambiar un pensamiento fragmentado del bien y del mal, que todo juzga y desecha, y adoptar nuevas formas de representar nuestro mundo interno en nuestra mente. No hay evolución sin cambio, y ese cambio solamente podrá ocurrir si transformamos el modo de representar simbólicamente nuestras experiencias vividas. Cuando nos enfermamos tenemos la oportunidad de re-significar conceptos que se volvieron vagos o aún automáticos con el pasar del tiempo, y que asumieron un significado simbólico independiente do contexto presente en el que estamos viviendo. Un nuevo escenario, una relectura del antiguo drama, posibilidad que tenemos de rever y crear una nueva trama, oportunidad de reorganizar y crear un nuevo sistema en nuestro archivos de historias, forma el conocimiento de quiénes somos y nos hace pasar por un nuevo orden de almacenamiento y sistematización, para que nuestro cuerpo no se vuelva el vocero de esas verdades. La angustia del mundo actual, creada por nuestras ganas de querer ser dioses sagrados, eternizados, nos impone la condición de vivir, aunque crucificados, por lo menos 100 años. Es urgente aprender a re-significar y simbolizar las limitaciones del cuerpo físico para que podamos con dignidad dejarlo descansar en paz, sin el temor de que la muerte del cuerpo pueda apagar nuestra historia, y colocarnos alejados de las memorias y narrativas contadas y recontadas por nuestros descendientes, mientras la tecnología y la ciencia médica de la longevidad quieren garantizar historias sin fin para un cuerpo físico que está compuesto de materia perecedera y limitada. Me quedé siete días hospitalizada… Construir el mundo en siete días, siendo el día final el de la liberación, en que la muerte ya no más nos asombra, sino que se transforma en una fuerte aliada de la humanización en nuestras vidas. El tiempo es el del sentir. El momento es el de la transformación. La perfección es aceptar que somos incompletos. La culpa por no tener competencia para ser Dios, humanizada. El goce de poder vivir el ser dios por algunos segundos, lidiando con mis propios límites (el más potente acto sagrado en lo profano) construyendo en la re-significación un nuevo mundo en tan sólo siete días. El somatodrama surge con la propuesta de una nueva comprensión de la enfermedad: es la del ser que se enferma, viendo en los síntomas y enfermedades orgánicas posibilidades, un camino para el autoconocimiento y transformación. La enfermedad pone el cuerpo en el escenario a través de las sensaciones, permitiendo así que se revele lo desconocido, lo negado, rescatando partes y fragmentos, y así recomponiendo la unicidad perdida. Todo cuerpo carga su historia, su drama, que podrán ser expresados en palabras, acciones, afectos, contactos y sensaciones. Ese cuerpo que es propio de cada ser humano, en el cual conviven varias tramas que han sido inscritos en recorridos biológicos, relaciones de placer y desplacer, de unidad y fragmentación, de destrucción y reparación, será quién revelará el drama. Cuerpo que, inserido en un escenario, tendrá la vivencia, a través de las sensaciones, la apertura de la siguiente escena, la de la visualización que traerá la luz, sacando de la oscuridad lo desconocido, lo negado. Ver partes de un todo y reconocerlas como propias, posibilita el encuentro con el cuerpo fragmentado y parcial, por medio de una imagen que irá unificarlo, permitiendo su reconocimiento como propio y personal. Ese reconocimiento irá dar inicio a la planificación para la construcción de una imagen corporal simbólica, como posibilidad de superar la pérdida de la sensación de totalidad. Simbiosis, para reconocer la experiencia de unicidad en la limitación dada por el cuerpo y que, a partir de esa conciencia, pasará a significar el cuerpo como algo que nos protege. Caminamos así del vientre de la madre al vientre del cuerpo, al vientre de la tierra. El somatodrama propone que comprendamos la ampliación de la conciencia a través del cuerpo en tres niveles de profundidad y conocimiento. Primer nivel: sensible - sensación, cuerpo parcial, sensorial, cuerpo objeto. Soy la enfermedad. Segundo nivel: emocional - cuerpo emocional, cuerpo personal, cuerpo propio, conflicto. Sufro una enfermedad. Tercero nivel: elaboración del cuerpo simbólico – creación, esencia, La enfermedad es solamente una experiencia vivencial más. La permanencia en las cristalizaciones y fragmentaciones es identificarnos con partes, es perder la conciencia del todo. El Somatodrama viene con una propuesta que aborda el síntoma físico, la enfermedad o el padecimiento orgánico como expresión de una verdad inconsciente del ser que busca revelación a través del cuerpo. Busca desvendar un conflicto intra-psíquico, bloqueador del proceso de crecimiento y evolución del ser, cuya expresión posible, en su universo relacional, es el síntoma o la enfermedad. El Somatodrama ve el síntoma físico, la enfermedad y el sufrimiento físico como protagonista del drama vivido por la persona, que emerge en el escenario cuerpo y en el teatro de su universo relacional. Es la parte significando el todo. Todo el estudio actual sobre la manera como el psiquismo se expresa a través del cuerpo, viene afirmando que el cuerpo es el vocero de verdades inconscientes que buscan revelación. Sin embargo ¿cómo podemos reconocer el drama de esta alma aprisionada, si el cuerpo la revela siempre de una forma enmascarada? Para comprender esa verdad se hace necesario rever el proceso histórico, a través del cual ese cuerpo se ha disfrazado impidiendo así la expresión espontánea y creativa de esa esencia. Máscaras y bloqueos surgen muy temprano en nuestra existencia y son necesarios para nuestra evolución y crecimiento. Lo que hacemos, poco a poco. es ir pensando cómo debemos usarlas para que no se vuelvan nuestra identidad, paralizando nuestro proceso de crecimiento y evolución. Solamente a través de un cuerpo activo – cuerpo simbólico – es que podemos transformarnos. Conociendo los símbolos expresados a través de sensaciones e imaginación, y comprendiéndolos es que podremos recrear el desempeño de los roles que nos han sido destinados. El cuerpo en la acción dramática puede sumergir en lo real, y usando de esa capacidad de simbolizar y comprender los símbolos, sean estos sentidos o imaginados, irá expresarlos en un escenario, con personajes, trayendo su historia personal para el gran teatro de la vida. En el caso del aparecimiento de síntomas físicos y enfermedades orgánicas, podemos presuponer que hay la imposibilidad de vivir saludablemente sensaciones sinestésicas y son estas sensaciones que, poco a poco, irán permitir que nos reconozcamos como un cuerpo personal, privado y simbólico, sin lo cual no será posible la libre expresión de las emociones por medio de la acción o verbalización en las relaciones, a través del desempeño de los diversos papeles en la vida. Así, puede ocurrir que tengamos que utilizar un seudopapel, cristalizado, enmascarado o de roles primitivos, fisiológicos. En ese momento podemos reconocer los síntomas y enfermedades, llevando a la escena, en el aquí y ahora, la búsqueda impotente del reconocimiento como ser integrado, libre y personal. El conflicto del enfermo sugiere: sé que existo porque siento sensaciones de dolor, molestia física, pero no las reconozco como siendo Yo, pues no tengo control sobre esas sensaciones. Pero si las dejo, vivo la sensación de no existir, entonces sólo me queda vivir con ellas. Y es frente esa situación paradójica, en la que visualizamos un escenario de fondo primitivo cristalizado, fragmentado, que nunca se modifica, que la trama de fondo no permite que el personaje principal saque la máscara de enfermo, o de un ser que solamente logra comunicar su drama a través de las sensaciones. Es un cuerpo parcial. El escenario de fondo y la trama le imponen el no ser uno, pero desconociendo ese escenario (su mundo interno, alma) el actor comunica su falso papel al público en la búsqueda del reconocimiento. Y en este caso, solamente aplausos (medicaciones) no harán posible la reparación y actualización. El reconocimiento de la enfermedad será la puerta de entrada. Es la posibilidad de aprender ese nuevo lenguaje que se expresa a través del cuerpo. El Somatodrama tiene como propuesta no sólo la comprensión teórica, por medio de la integración de las varias formas de conocimiento abordadas en este trabajo, sino una propuesta de manejo psicoterápico en las terapias en que síntomas y enfermedades orgánicas sean el punto focal. Creo no ser necesario reafirmar que tan o más importante que manejos o técnicas, el terapeuta debe tener en su formación la conciencia ampliada en la comprensión de que caminará codo a codo con su paciente, como parte integrante del proceso de curación, en su concepción más amplia: curación como ampliación de la conciencia, en co-acción y co-responsabilidad. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICA Aguiar, Moysés (org.). O Psicodramaturgo (1889-1989). Casa do Psicólogo, São Paulo, 1990. Freire, Bártolo M. Christina A. Uma contribuição psicodramática às vivências psicossomáticas. Revista Brasileira de Psicodrama, São Paulo, ano 6, n.2, p.24, 1994. Freire, M. Christina A. O corpo reflete o seu drama: somatodrama como uma abordagem psicossomática. Ágora, São Paulo, 2000. (No Freire, Bártolo M. Christina A. Psicossomática e Psicodrama. Artigo de Revisão. Revista Brasileira de Psicodrama. São Paulo, v.2, f. II, p.61, 1994. Almeida, Castelo, Wilson. Psicoterapia aberta: o método do psicodrama. Ágora, São Paulo, 1982. Moreno, J. L. As palavras do pai. Campinas, Editorial PSY, 1992. Naffah Neto, A. Psicodrama; descolonizando o imaginário. Brasiliense, São Paulo, 1979. p.197 – Dias, Silva V. R. C. Psicodrama, teoria e prática. São Paulo, Agora, 1987. AUTORA: Maria Christina A. Freire . Psicóloga Clínica – CRP – 06/2066 – São Paulo, Psicodramatista Profesora supervisora Por la Federación Brasilera de Psicodrama – FEBRAP. Docente de Psicosomática en la Escuela Paulista de Psicodrama – EPP. Coordinadora, docente y supervisora del “Somatodrama” en São Paulo, Idealizadora y creadora del curso de especialización en “Psicosomática con enfoque Psicodramático: Somatodrama” Libros Publicados: “O Corpo Reflete o seu Drama “Somatodrama como Abordagem Psicossomática, Ed.Àgora, 2°edição. São Paulo, 2008. “Prisma”Ed.Escrituras, São Paulo..2000 “Quando a Psicoterapia Trava”, Organizadora Marina Vasconcellos, O Paciente Cala o Corpo Fala “pp. 37 a 55”. Ed.Ágora, São Paulo,.2007