MARIA FERNANDES - ARÁDIA RAYMON
ESPAÑOL
TEXTOS
 
TEXTO

                                                  Estrella madrina... Mi estrella...

          En aquella noche todo era misterio y soledad.
          Aunque, estuviese adjunto de amigos en medio a una fiesta usual y viva del grupo, bien al sabor de los adolescentes que eran una vaga sensación de melancolía él se corroyó el corazón de la Julia.
          Había adelante el vacío nocturno, un algo de soledad, de absoluto no estará solo, de tener alguien para amar y ser amado... Había mucho Julia anhelado el amor de João, ella soñó para ser su amante... Pero él parecía no ver ese amor... Y ella estaba allí tan íntima...
          La noche fue por la mitad y, aburrida, Julia salió para el jardín pequeño que rodeó la casa, tomar un poco de aire, respirar la noche fuera de que la involucró.
          Ella se apoyó al enrejar de la pared y allí ella estaba mirando las estrellas que allí en el alto ellos chispearon, mientras ella pensó... ella pensó sobre su amor, en su mirada, en su sonrisa cautivando... En su voz...
          ¡Cuánto tiempo había que ella quiso conquistarlo! Y él parecía entender el mensaje velado por lo menos que discretamente sus ojos le pasaron...
          En esos momentos de contemplación romántica, estaba ella mirando el cielo punteado de estrellas bonitas y distantes en que hay el alto chispeó indiferente a su soledad. Y el objetivo de sus dulces y jóvenes pensamientos estaba allí, bien en su línea de visión, sin embargo, como siempre, bonito, rocío y corazón distante...
          Julia dijo suspirando sintiéndose en el pecho un mixto de dolor y desilusión profundamente, pensando:
          - "¿Después de todos, por qué no se me acerca?".
          En ese momento, un rayo ligero cruzó el cielo del norte para el sur - una estrella fugaz magnífica fue hecha notar en toda su belleza y luminiscencia...
          Los ojos encolados en el cielo, en el rastro de luz fosforescente que ella salió, Julia hizo la demanda mentalmente: - "estrella fugaz, estrella madrina, mi estrella, logra mi deseo y no le deja pendiente: Haga con ese Juan viene aquí, ahora, y sea mi novio." - "¡Ahora, estrella bonita!" - dio énfasis mentalmente, mientras mirando el cielo. 
          La última huella de luz de esa estrella de fuego se marchitó y ella bajó los ojos, bien a tiempo de vista el objetivo de sus sueños allí delante de ella, invitándola a bailar. Julia sentía un frío...
          Ella aceptó su invitación, sin embargo, no sin antes de buscar el cielo dónde secunda antes de la luz incandescente de esa estrella había brillado... la Madrina.
          Acompañada por el joven de sus sueños entró en la sala... Y ellos bailaron el resto de la noche, encantado en el dulce idilio de amor. Ella mal podría creer que aquella estrella había ayudado tan rápidamente a su demanda.
          Pero ella había ayudado y allí estaba Julia al lado de su nuevo novio, como tantas veces había querido. Fueron días de felicidad y encantamiento, por fin Julia había conseguido lo que tanto había anhelado.
          Ahora ella tenía el amor del dulce de João, su mirada, su sonrisa... ¡Ah! Y su cantar, su dulce cantar a la guitarra... Pero había en el corazón de Julia, por tiempos, una vaga certeza de que el encantamiento dulce no duraría.
          Un día se despertó con una sensación más extraña en el pecho; sin embargo no había ninguna razón para justificar aquel mal estar que, de repente, devastó su alma.  
          Ella se sentía como si el aire fuera diferente, como si el aire fuera tangible, como si ella pudiera ver el aire, o cogerlo. Ella no supo explicar bien, pero ésa era la sensación que, durante varios tiempos, ella sentía en ese día. No importa cuánto intentó, ella no manejó hacer una correlación de lo que estaba sintiendo con cualquier evento real. Simplemente una sensación más extraña que algo desagradable si pasara y la incomodó repitió tiempos en esa mañana.
          Entonces, aproximadamente el medio día, precisamente cuando ella entraba en la sala, mientras viniendo de su cuarto, volvió a sentir la sensación horrible de nuevo, sólo que este tiempo vino claro la memoria de un sueño, un sueño que había tenido en la noche anterior y que todavía no se recordó.
          Era noche y Julia se vio en una posición bastante peculiar, ella estuviera cubriendo la calle con las alas, bien delante de la casa de Juan, cuando ella le vio llegar, abrir el portón de hierro y entrar... Antes, sin embargo, él miró arriba y la vio, pero sin algo a decir entró en su casa...
          Los recuerdos... tan real que no parecía tener sido un sueño.
          Inmediatamente, Julia entendió la razón de aquel extraño mal estar.
          - "Pero eso fue simplemente un sueño, no fue real" - ella pensó, mientras intentando marcharse del pecho aquella opresión.
          Entonces, el teléfono llamó y rápidamente Julia atendió, todavía, sintiendo en el pecho la melancolía de la escena recordada del sueño que había traído. Era una de sus amigas, mientras diciendo las innovaciones de la noche anterior y queriendo saber por qué ella no había ido a la fiesta de cumpleaños de su amiga Andrea.
          En ese momento, todo aclaró en su mente. En aquel momento, estaba conociendo por la amiga que Juan había estado presente al cumpleaños de su amiga, sin por lo menos para invitarla y ella entendió que cuando ella lo vio en el sueño abrir el portón de su casa a las dos de la mañana, ella, Julia, realmente estaba allí, en espíritu y verdad, verificando "in loco" a la llegada de su amante en casa.
          No había sido un sueño, ella había estado allá y le vio llegar al amanecer en su casa. Su sueño de amor fue deshecho... Y delante del comprobado, Julia ya iba entristecerse con el hecho cuando vino a la memoria la estrella madrina, como si ella le dijera: - “¡presente de estrella fugaz es como presente de hada, no dura para siempre, desaparece, termina indisolublemente al doce sonido metálico resonante de una campanilla"... Pero valió la pena el baile... ¡Ah, como valió!